Pedacito de Cielo : Introducción

Una de las cosas que más me gusta hacer es montarme en mi carro y guiar por horas. Con solo el pueblo al cual quiero ir en mente y con las personas que me dicen que si a mis inesperados “Road Trips”, pongo el GPS y le ruego al señor que tenga dinero en el autoexpreso.

Siempre me ha gustado la idea de explorar lugares en la isla, pero nunca había tenido el tiempo suficiente para hacerlo hasta que llegaron las navidades del 2015. El primer “trip” que di fue hacia Luquillo, pues las playas del área metro tienden a cansar y un pasadía por el área este de la isla no venía mal. Luego fui a Barceloneta, Arecibo, Manatí, Aguadilla, etc… aunque estos no fueron de mucha duración pues abrieron puertas a nuevas ideas.

Un día le pedí a mi hermano que me prestara su apartamento en Mayagüez; el cual el cedió con la condición de que le hiciera una pequeña compra. Un sábado, a las siete de la noche, tres de mis amistades más cercanas y yo nos tiramos a Mayagüez. Aunque nos quedamos en el pueblo antes mencionado, ese no era nuestro destino, pues nosotras queríamos llegar a Cabo Rojo.

Nuestros planes eran levantarnos temprano para aprovechar el día, pero cuando cuatro mujeres deciden arreglarse, no fue posible. Terminamos saliendo casi a las once de la mañana y desayunando en el “fast food” más cercano. Sin rumbo y siguiendo los letreros marrones que nos llevaban a lugares turísticos, llegamos a las Salinas de Cabo Rojo, en ruta hacia el Faro Los Morillos. Rosa es mi color, so cuando fui viendo las famosas aguas rosadas a lo lejos mi emoción iba aumentando. Nuestra primera parada fue en el miradero, podías ver las aguas rosadas a lo lejos – sabía que estaba cerca. Nos montamos en el carro y tan pronto las vi a mi mano izquierda pare e hice que las muchachas se bajaran conmigo. Mi cara de asombro valía un millón, pues hasta llame a mi madre por facetime para que ella también viera lo que yo estaba viendo. Luego de tomar varias fotos, nos montamos en el carro y seguimos nuestro camino hacia el faro. Para nuestra sorpresa la línea de espera era eterna y ninguna de nosotras tenía ganas de esperar. Hicimos un viraje en “U” y planificamos nuestro próximo destino.

Luego de hablar y dar varias ideas, nos encontrábamos en ruta hacia Lajas y ¿qué mejor manera de matar el tiempo que ir a La Parguera? De primera intención teníamos en mente montarnos en uno de los varios botes que ofrece el lugar e ir a Mata La Gata, pero ninguna de nosotras estábamos preparadas para esta travesía. Al salir de la marina nos topamos con un pescador, el cual se vendió muy bien y en menos nada intercambiamos números para cuando el volviera del viaje que tenía para dejar a una pareja en uno de los cayos, darnos una vuelta en su lancha por La Parguera. Mientras esperábamos que el volviera tuvimos que hacer una parada mandataria, pues ir a La Parguera y no comprar la famosa sangría Marca Coño es como si no hubieses ido. En menos de una hora el pescador que nos ofreció darnos un “tour” nos llamó y nos encontramos donde el encalla su bote. El viaje estuvo lleno de historia, unas vistas hermosas, chistes marítimos y el refiriéndose a cada una de nosotras como “Fatmagul”. Entramos por diferentes canales, nos dijo cuando era el momento perfecto para ver la Bahía Biolumicente y vimos una que otra estrella de mar por el camino. Fue un viaje de al menos una hora y del mismo no nos quejamos. Una vez llegamos a tierra, pagamos y nos fuimos directo al carro, pues ya mismo se ponía el sol.

Esta servidora no se quería ir del área sin visitar el Faro Los Morillos y una vez más intentamos llegar hacia él, esta vez tuvimos suerte. Nos pudimos estacionar cerca pero ya el Trolley no iba a dar más vueltas, tomamos un respiro profundo y subimos la cuesta a pie. Una vez llegamos a la cima el Faro estaba cerrando pero la vista hacia el horizonte es una que nunca voy a olvidar.  Si mirabas hacia adelante veías el mar mezclarse con el cielo y si mirabas hacia abajo observabas como las olas chocaban con las rocas. A distancia escuchaba a mi mejor amiga suplicándome que no me acercara tanto a la orilla, pues ella estaba a punto de un ataque al corazón. Por un momento nos sentamos las cuatros en las piedras, pues la foto grupal no podía faltar después de tantos viajes aquel día.

Después de esta experiencia tuvimos varias más, la más reciente siendo nuestra visita al túnel de Quebradillas. Pero la antes mencionada fue la que abrió las puertas a esta parte del blog. Hay tantos lugares en esta isla por visitar y descubrir, simplemente hay que sacar tiempo e ir a esos Pedacitos de Cielo que hay en Puerto Rico.

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